miércoles, 3 de diciembre de 2008

LA FABULA DE LA AVISPA AHOGADA



Por: Aquiles Nazoa

La avispa aquel día, desde la mañana,
como de costumbre, bravísima andaba.
El día era hermoso, la brisa liviana;
cubierta la tierra, de flores estaba
y mil pajaritos los aires cruzaban.

Pero a nuestra avispa -nuestra avispa brava-
nada le atraía, no veía nada
por ir como iba, comida de rabia.

"Adiós", le dijeron unas rosas blancas
y ella ni siquiera se volvió a mirarlas
por ir abstraída, torva, ensimismada,
con la furia sorda que la devoraba.

"Buen día" le dijo, la abeja, su hermana
y ella que de furia, casi reventaba,
por toda respuesta, le echo una roncada
que a la pobre abeja, dejo anonadada.

Ciega como iba, la avispa de rabia,
repentinamente, como en una trampa,
se encontró metida, dentro de una casa.

Echando mil pestes, al verse encerrada,
en vez de ponerse, serena y con calma
a buscar por donde, salir de la estancia,
¿sabéis lo que hizo? ¡Se puso más brava!

Se puso en los vidrios, a dar cabezadas,
sin ver en su furia, que a corta distancia
ventanas y puertas, abiertas estaban;
y como en la ira, que la dominaba
casi no veía, por donde volaba,
en una embestida, que dió de la rabia
cayó nuestra avispa, en un vaso de agua.

¡Un vaso pequeño, menor que una cuarta
donde hasta un mosquito, nadando se salva!
Pero nuestra avispa, nuestra avispa brava,
más brava se puso, al verse mojada,
y en vez de ocuparse, la muy insensata,
de ganar la orilla, batiendo las alas
se puso a echar pestes y a tirar picadas
y a lanzar conjuros y a emitir mentadas.

Y así, poco a poco, fue quedando exhausta
hasta que furiosa, pero emparamada,
terminó la avispa por morir ahogada.

Tal como la avispa, que cuenta esta fábula,
el mundo está lleno, de personas bravas,
que infunden respeto, por su mala cara,
que se hacen famosas, debido a sus rabias
y al final se ahogan, en un vaso de agua

martes, 2 de diciembre de 2008

MI PRIMER CUENTO

Con mi hermanita Julianita



LA HIERBA BUENA QUE SE VOLVIO MALA
Por: Santiago Alexis Bucheli Dorado


Había una vez un pueblo llamado Hierba Buena, ahí vivía gente muy buena, ellos no eran ni ricos ni pobres, pero eran felices, La gente de Hierba Buena cultivaba la tierra, sembrando papa, yuca, maíz, fríjol, arvejas, repollo y muchas cosas más. En esta tierra también crecía una planta que tenía propiedades curativas que la gente usaba para curarse de algunas enfermedades, por eso la llamaron Hierba buena, el mismo nombre de su pueblo. En este pueblo vivía la familia de Pedro que estaba compuesta por la mamá, que era Maria, por tres hijos llamados Juan, Manuel y Rosario, y Pedro que era el padre y jefe del hogar. Todos ellos trabajaban la tierra; esta familia era honesta y muy trabajadora aunque no poseían mucho dinero.

Un día la tranquilidad del pueblo fue interrumpida por la llegada de unas personas extrañas, de costumbres diferentes a las de la gente de Hierba Buena, estas personas tenían un jefe llamado Kevin, que era un hombre gordo y viejo cuya cara era muy fea, cruzada por varias cicatrices, lo cual le daba un aspecto aterrador. Kevin sabía que en el pueblo crecía la hierba buena, la cual en las grandes ciudades, de donde él venía, tenía otros usos que no eran buenos, pues hacían daño a las personas que la consumían en forma de cigarrillo y que pagaban mucho dinero por conseguirla. Fue por estas razones que Kevin con ayuda de sus amigos, Jhony y Nelson, transformaron la hierba buena en hierba mala, que luego dieron a fumar a los jóvenes del pueblo, incluyendo a Juan y a Manuel, los hijos de Pedro. Ellos probaron la hierba buena mediante engaños, pues les dijeron que esta hierba los haría más fuertes y felices y que además los podría volver ricos si le ayudaban a Kevin a distribuirla en el pueblo y sus alrededores.

Juan se siente contento y muy emocionado ante la idea de tener mucho dinero y le dice a su hermano menor: “Ayudemos al señor Kevin para poder ganar dinero y sacar de la pobreza a nuestros padres y hermanita”. Manuel responde también muy contento: “Claro pues, y así podremos comprar más tierra para trabajar, también podemos comprar unas vaquitas que produzcan leche y poder venderla y ¡que carajo¡, de pronto nos volvemos ricos como don Armando, el dueño de la ferretería”.

Para los muchachos este trabajo que les ofrecía Kevin era algo espectacular y noble para la gente, pero estaban muy equivocados porque Kevin en realidad lo que buscaba era enriquecerse él a costa de la desgracia de los demás, pues la hierba que les vendía causaba mucho daño a los muchachos porque los volvía como locos, enviciándolos cada vez más y más, obligándolos a trabajar duro para poder comprar sus cigarrillos nocivos, y a veces el trabajo no era suficiente, pues una vez que la gente se acostumbraba a la hierba, pagaba por ella lo que les pedía Kevin y cuando no tenían dinero no les importaba robar para conseguirla.

Los hijos de Pedro y otros muchachos se dedicaron a producir en sus tierras la planta que luego vendían a Kevin, quien se las compraba a buen precio. Y así fue como los hijos de Pedro se convirtieron en agricultores y consumidores de la hierba buena, olvidándose de cultivar los productos de la región (papa, maíz, fríjol, etc.). Pedro y María se preocuparon porque sus hijos ya no sembraban los alimentos necesarios para su alimentación y entonces les dicen a Juan y a Manuel: “Porque, hijos míos, ya no siembran los alimentos que comemos y se han dedicado a sembrar esa hierba que no sirve para alimentarse sino para enfermar a la gente?”. Manuel responde: “Es que con esto ganamos más plata con la venta y podemos hacernos ricos para poder comprar todo lo que queramos y no trabajar tanto, además esta hierba es más fácil sacarla del campo para venderla, mientras que lo que cultivábamos es muy pesado y difícil de transportar”.

Y así fue como aquel pueblito que antes era tierra de agricultores fue perdiendo sus buenas costumbres, pues muchos campesinos se dedicaron a la siembra de la hierba buena, olvidándose de sembrar sus productos regionales, los cuales empezaron a escasear y por lo tanto los pocos que se producían eran muy caros. El pueblo empobreció y sólo muy pocos se volvieron ricos a costa de la miseria de los demás, y la hierba que antes era considerada buena fue conocida después como la hierba mala.